
Todos los niños son niños
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En el año 1994, cuando mi hija Sandra Paola estudiaba en el colegio San Patricio de Bogotá, me contó que habría un foro sobre el tema “TODOS LOS NIÑOS SON NIÑOS”.
La oí pero al momento no le dí mayor trascendencia, pues me pareció algo muy obvio y no entendí cómo un enunciado de esos daba lugar a un foro abierto en el colegio.
Unos días más tarde le pregunté por qué la directora del colegio, Emma Gaviria de Uribe, había resuelto convocar un foro con sus alumnas e invitar a estudiantes de otros colegios y a su padres para tratar este tema.
Mi hija me explicó que en el curso de una visita al San Patricio por parte de delegados del Ministerio de Educación y a propósito de la obra social que el colegio desarrolla desde hace varios años en el barrio La Gaitana, zona de Suba, la directora del colegio le había
preguntado a una niña que pasaba casualmente cerca a la mesa donde transcurría la reunión, el sentimiento que le había dejado la experiencia de compartir y enseñar a niños y niñas del barrio.
La niña, Chony Leal, se quedó pensando unos segundos y le contestó: QUE TODOS LOS NIÑOS SON NIÑOS. Sorprendida con la respuesta, la directora le pregunto de nuevo: Claro que todos los niños son niños, pero ¿qué quieres decir con eso? y ella contesto: “Antes de la experiencia de La Gaitana, yo pensaba que los niños eran mis hermanitos y los amigos de mis hermanitos. Los demás eran los chinos de la calle. Pero después de conocer y compartir con los niños del barrio, concluí que todos los niños son niños”.
A raíz de esta contundente explicación, decidí asistir al Foro y para el efecto escribí estas líneas que amablemente me permitieron leer.
TODOS LOS NIÑOS SON NIÑOS
Quiero completar este enunciado diciendo: “TODOS LOS NIÑOS SON NIÑOS Y TODOS LOS GRANDES SON NIÑOS GRANDES”.
Pienso que el componente de un recién nacido es 99.99 % de niño y 0.01 % de grande, aunque hay algunos que miran con profundidad de viejos y vaya uno a saber cuantos años nos llevan.
A medida que pasa el tiempo, el niño tiene más cosas de grande y menos de niño, pero siempre tiene de grande y de niño.
Resulta difícil hacer mediciones, pero podríamos pensar que cada año el niño completa un 1 % más de grande y pierde o deja de ser un 1 % de niño.
Aunque no se puede hablar en términos absolutos, pues nadie sabe cual va a ser la edad final de cada individuo, podemos pensar que potencialmente cada uno podría vivir cien años y con este supuesto un niño de 7 años lo que tiene es 7 % de grande y 93 % de niño, mientras que el aparente anciano de 80 años tiene 80 % de grande y todavía 20 % de niño.
El desarrollo del niño, que conjuga permanentemente educación y maleducación, va variando poco a poco los porcentajes de composición, hasta llegar en algunos casos seguramente a 99 % de grande y 1 % de niño, porque siempre tendremos todos los grandes poco o mucho de niño.
O dicho de otra manera. Todos somos niños grandes. Con mayor o menor alegría. Con mayor o menor seriedad. Con mayor o menor responsabilidad. Con mas o menos dinero. Con más o menos nombre, posición, cargo, propiedades, estudio, cultura, gusto, etc.
Curiosamente, para calificar o descalificar a un niño o a un grande se le agrega el opuesto. Un niño que muestra actitudes de madurez se le pondera diciendo: “SE COMPORTA COMO UN VIEJO”. Y al grande que no se comporta, “ACTUA COMO UN NIÑO”.
Mas que un juego de palabras y a partir de la frase TODOS LOS NIÑOS SON NIÑOS, sobre la que ha habido muchas opiniones, he querido expresar unas ideas complementarias que pueden dar lugar a nuevas consideraciones.
Porque en la medida en que entendamos la idea y nos preparemos para tratar y educar bien a los niños, por consecuencia nos preparamos para seguir educando a los grandes, pues aunque grandes, tienen algo de niños.
Lo he podido comprobar más de una vez. Por razones de gusto y de trabajo, que entre otras cosas es trabajar con gusto, he tenido que tratar con deportistas de fama nacional e internacional.
Y al contrario de lo que puede pensarse por su carácter de ídolos, he podido hablar tan claro con ellos como con los niños. Por la tesis de que son niños grandes.
Cuando todo el mundo los ve inalcanzables y poderosos, están al alcance de la mano y dispuestos a escuchar con alma de niños.
Los vemos rodeados de gente y están solos. Los vemos autosuficientes y necesitan como todos nosotros. Los sentimos lejos y los que nos ponemos lejos somos nosotros mismos.
Y como ellos, todos los grandes que ya no parecen niños, son niños con envoltura de grandes.
Miremos a los niños como niños y acostumbrémonos a mirar en los grandes lo que tienen de niños, para que nos tratemos siempre como los niños.
Desprevenidos, espontáneos, sin distancias, con cariño. En pocas palabras, de niños a niños.
Samuel Calderón Salazar
Administrador deportivo.
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